Bienvenido a la República Islámica (y Conservadora) de Irán

Bienvenido a la República Islámica (y Conservadora) de Irán

Irán celebra las elecciones al Parlamento (Majles) en un ambiente enrarecido por las sanciones y la controversia nuclear. Internamente, la marginalización del sector reformista tras la crisis de 2009 ha dado paso a una pelea de poder entre conservadores. Mientras tanto, la población sufre las consecuencias económicas de las sanciones y expresa poco interés por el voto.
Ahmadinejad se dirige a la Asamblea de la ONU (UNPhoto/Marco Castro)

Ahmadinejad se dirige a la Asamblea de la ONU (UNPhoto/Marco Castro)

Mahmud Ahmadinejad desearía que todo le fuera tan fácil como lo pintó el candidato Republicano Newt Gringrich en un reciente debate. Gringrich insistió en tachar al actual Presidente de Irán de “dictador”, y dió a entender que toda la política iraní – desde la represión interna hasta el programa nuclear – pasa por sus manos, así como que su actuación está determinada por su radicalismo religioso. La realidad, sin embargo, es que el dos de Marzo los iraníes eligen al nuevo Parlamento (Majles) en una elección marcada por la creciente presión internacional sobre el país, el desencanto de la población y la reducción de la elección a dos bandos conservadores, separados más por cuestiones de poder y personalidad que por ideología.

Dentro de Irán, una brecha se ha abierto entre los seguidores del presidente y sus críticos

Gringrich debería informarse algo mejor acerca de Irán. El sistema político iraní es muy complejo, e incluye importantes contrapesos entre instituciones electas y no electas. Sin embargo, a la hora de tomar la última palabra, el Guía Supremo Jamenei tiene un poder decisivo. En cuestiones como la política exterior y de seguridad, el Guía Supremo designa las líneas a seguir. En otros casos, puede limitar la autonomía del Presidente mediante los cargos que dependen enteramente de su oficina: entre ellos, la jefatura de los ejércitos, el sistema judicial o los medios de comunicación.

Sin embargo, siempre es al Presidente Ahmadinejad al que vemos en nuestras pantallas, desafiando a Israel y dedicando gruesas palabras a Occidente. De ahí que el error frecuente sea pensar que Ahmadinejad, como antes Jatamí o Rafsanyani, es la cabeza del sistema. Cierto es que Ahmadinejad ha vocalizado excelentemente, y con excesos retóricos, la ideología revolucionaria iraní. Dentro de Irán, sin embargo, una brecha se ha abierto entre los seguidores del presidente y sus críticos. Repasamos las claves de unas elecciones que esconden detrás más de lo que el voto muestra.

La revolución indigestada.

Algo profundo se ha roto en la vida política iraní. El pasado abanico de opciones – conservadores, reformistas, pragmáticos -, que permitió la presidencia reformista de Jatamí en 1997, ha sufrido un golpe brutal, si no definitivo, con la exclusión de los reformistas. Luciano Zaccara es Director del Observatorio Político y Electoral de Mundo Árabe y Musulmán (OPEMAM) y se encuentra en Irán para observar las elecciones. Hablando para Latitud194, constata que ”muy lejos quedan los tiempos en que este grupo ‘opositor’ podía obtener escaños suficientes para ejercer algún tipo de presión en el Majlis (parlamento)”. De ahí que, pase lo que pase, el Majles que surja del voto de Marzo de 2012 será el más conservador que jamás haya visto Irán.

Partidarios de Rafsanjani, en las elecciones de 2005 (Sahram Sarif)

Partidarios de Rafsanjani, en las elecciones de 2005 (Sahram Sarif)

Los cambios recientes suponen la ruptura del equilibrio faccional establecido desde 1989

Las polémicas elecciones de 2009, con la gestación del heterogéneo Movimiento Verde y las denuncias de fraude masivo, plantaron las semillas del divorcio definitivo entre los Reformistas y el sistema político. La victoria conservadora sobre lo que desde entonces se ha llamado ‘sedición’ tiene, pese a todo, una cara y una cruz. Su brutalidad ha lanzado fuera del sistema a toda una serie de veteranos políticos que mantienen un apoyo social y un acceso a ciertos recursos de poder. En Febrero de 2011, la convocatoria de una manifestación en apoyo de las revueltas en Túnez y Egipto provocó la definitiva caída de los líderes reformistas Musavi y Karrubi, que desde entonces viven en arresto domiciliario. Para profundizar aún más la herida, el principal líder pragmático, Hachemi Rafsanjani, ha sido también paulatinamente retirado de sus importantísimos cargos de poder: algunos dicen que su pecado fue defender, en 2009, un acercamiento a los reformistas. A todo esto se une la perseverante campaña en contra de periodistas, activistas y disidentes de todo tipo, que ha llevado a Irán al fondo de las clasificaciones de diversas ONGs y centros de estudios.

Toda revolución devora a sus hijos, y la iraní no fue menos: de 1979 a 1989, muchos de sus principales ideólogos y activistas conocieron la muerte, el exilio o el ostracismo a manos del mismo sistema que ayudaron a levantar. Sin embargo, los cambios recientes suponen la ruptura del equilibrio faccional establecido desde 1989 y que había permitido una cierta estabilidad interna. Para entender el alcance de la crisis, basta comentar que Musavi fue primer ministro de 1981 a 1989, y que Rafsanyani fue el Presidente que, de 1989 a 1997, pilotó la reconstrucción de posguerra y la reinserción diplomática del país en su entorno. En esta tesitura, en la que el único cambio desde dentro parece ser la vía estrenda por Ahmadinejad, no es de sorprender que un numero cada vez mayor de reformistas y pragmáticos modifiquen sus posiciones y alianzas con resultados aún por determinar.

¿Conservadores contra conservadores?

El díscolo Ahmadinejad ha demostrado ser algo más que un avatar de terceros poderes

Ahmadinejad nació como un candidato conservador mimado por Jamenei para recuperar el control tras la presidencia del reformista Jatamí, que había ido demasiado lejos en su intento de democratizar y abrir el sistema. Sin embargo, el díscolo Ahmadinejad ha demostrado ser algo más que un avatar de terceros poderes. En una serie de crecientes confrontaciones con el Guía Supremo, Ahmadinejad ha intentado colocar a sus allegados en puestos de poder. Especialmente polémica se ha mostrado la figura de Esfandiar Mashaei, cuyo grupo ha sido denominado la “corriente desviada” debido a su ideología más nacionalista que islamista, la cual incluye un creciente anticlericalismo que ataca a la misma figura de Jamenei. Ello ha puesto en pie de guerra a muchos de sus antiguos aliados y ha cristalizado en una sorprendente oposición conservadora al conservadurismo: los autodenominados Principistas, que cierran filas en torno a Jamenei y quieren ver a Ahmadinejad y a sus aliados lejos del poder al que un día lo auparon. Si a ello se suma la exclusión de los reformistas, la situación parece dantesca: usted elige: ¿conservadores o conservadores?

El resultado, afirma Luciano Zaccara, es que “el interés de estas elecciones legislativas es infinitamente menor al de otras ocasiones en las que había al menos tendencias muy contrapuestas entre las diversas facciones de la élite política”. Zaccara, que ha acudido a anteriores citas electorales en Irán, cuenta que “el ambiente electoral es casi inexistente, la publicidad en las calles apenas visible, en comparación con años anteriores, y se prevé que la participación será mucho más baja, sobre todo en las grandes ciudades, a pesar de los esfuerzos gubernamentales”. El contraste con las imágenes de caos, euforia y participación que nos llegan desde Egipto o Túnez no puede ser más evidente.

Pintando un retrato de Alí Jamenei (Thierry Ehrmann)

Pintando un retrato de Alí Jamenei (Thierry Ehrmann)

Unas elecciones para ratificar el disenso.

El Estado iraní ha estado promoviendo una activa campaña de voto, esperando conseguir una alta participación que aporte un extra de legitimidad democrática que necesita, más que nunca, de cara al interior y al exterior. Ello ha venido acompañado, como denunció recientemente Amnistía Internacional, de una nueva campaña de represión sobre la disidencia.

 Lejos de hablar con una sola voz, los conservadores se han dividido en varias ramas

Sin embargo, en la esfera pública iraní se ha dejado ver un disenso creciente y un desapego hacia el proceso electoral que no proviene sólo de los campos excluidos. La sensación de crisis se extiende en el propio campo ‘vencedor’ del proceso iniciado en 2005: lejos de hablar con una sola voz, los conservadores se han dividido en varias ramas y subramas. Un intento de coalición conservadora que escondiese las diferencias ha fracasado, dividiéndose en varios  frentes surgidos surgido en torno a figuras conservadoras de relieve, como el ayatolá Mesbah-Yazdi y el ex-jefe de los pasdaran Moshen Rezai. Supuestos vencedores de la crisis de 2009, los conservadores han sido incapaces de repartirse el poder entre ellos. Para Luciano Zaccara, la presente elección es, en definitiva, un voto en el que “simplemente se decidirá si Ahmadineyad ha generado suficiente apoyo popular y dentro de la élite política como para tener un grupo parlamentario propio que le ayude a continuar en la carrera política tras terminar su segundo mandato en el 2013″.

¡Es la economía, estúpido!

Ahmadinejad tendrá que luchar contra su peor enemigo: la desastrosa situación económica, el caballo de batalla de sus opositores. Gracias a la gestión económica, el Parlamento ha logrado someter al Presidente a la primera sesión de control de la historia de la República Islámica. Por otra parte, las sanciones económicas están dejando notar su peso, especialmente en la espectacular devaluación del rial frente al dólar. La exclusión del Banco Central Iraní de SWIFT, el sistema que permite las transacciones financieras internacionales, anuncia una profundización de la crisis que afecta directamente a la vida diaria de los iraníes.

Entre los que decidan votar, cabe esperar que las polémicas de alta política pesen menos que los criterios económicos

Por otra parte, bajo la presidencia de Ahmadinejad se han dado la eliminación de los subsidios de productos de primera necesidad y la introducción del IVA, una medida largamente solicitada por los tecnócratas pero muy difícil de aplicar políticamente y que provocó la huelga de la clase comerciante del Bazar, tradicionalmente muy favorable al poder. La sustitución de las subvenciones por una transferencia directa de dinero a los ciudadanos ha chocado con la devaluación de la moneda, dañando seriamente los intentos de Ahmadinejad por  busucar el voto de las clases más desfavorecidas y necesitadas. A todo ello se añaden los escándalos de corrución y financieros, típicos en las elites iraníes y de los que Ahmadinejad no ha logrado deshacerse.

Las alternativas no hubieran sido mejores. Rafsanyani es un personaje ampliamente asociado con la corrupción económica asociada a la reconstrucción de posguerra, mientras que en el campo reformista el aspecto económico es el más divisivo, siendo algunos partidarios de la liberalización y otros, herederos de la izquierda islámica, muy estatistas. La realidad es que el iraní de a pie de calle está sufriendo económicamente, y las expectativas de un ataque israelí o estadounidense no hacen sino empeorar la situación. Entre los que decidan votar, en definitiva, cabe esperar que las polémicas de alta política pesen menos que los criterios económicos, siendo más popular el candidato que parezca más solvente o capaz de mejorar la vida de sus conciudadanos.

El balón de oxígeno nuclear.

El programa nuclear, asociado con la independencia y prestigio de Irán, genera un amplio consenso entre todas las facciones políticas

Hay un elemento que podría ser decisivo en el futuro de Irán. El exagerado debate acerca del todavía inexistente armamento nuclear iraní, así como los tambores de guerra, llegan en un momento de fuerte debate interno. No se debe  subestimar la capacidad aglomeradora que una amenaza común pudiera tener tanto en el campo conservador como entre Estado y sociedad. No sería tampoco muy difícil minar la legitimidad de la oposición basándose en su pasado aperturismo, o provocar la reintegración de ésta de cara a las elecciones de 2013.

Por otra parte, no se debe olvidar que el programa nuclear, asociado con la independencia y prestigio de Irán, genera un amplio consenso entre todas las facciones políticas, incluyendo a los reformistas e, incluso, a la oposición histórica a la República Islámica. Contactado por Latitud194, el conocido periodista iraní afincado en Estados Unidos, Hooman Majd, opina que “la mayoría de los políticos iraníes, incluso los reformistas, están de acuerdo con la posición actual de Irán. En lo que pueden disentir es con la retórica empleada por la administración de Ahmadinejad, que algunos creen que ha contribuído al sentimiento anti-iraní en Occidente. Pero la posición en si, la defensa del derecho de Irán a enriquecer uranio y a desarrollar energía nuclear, incluso si eso significa la habilidad para desarrollar algún dia armamento nuclear, es algo con lo que todos los líderes iraníes están de acuerdo”.

De muchas maneras, la creciente presión internacional sobre Irán podría acabar tanto por dinamitar el sistema político vigente como por señalarle una vía de salida a la crisis actual. En este sentido, sigue siendo una incógnita qué es lo que piensan los pasdaran, o Guardianes de la Revolución. Este ejército ideologizado, con amplios intereses en la economía, ha enviado señales contradictorias: si bien se asume que Ahmadinejad les ha integrado fuertemente dentro del Estado y les ha favorecido económicamente, también es cierto que destacados miembros se han posicionado fuertemente en contra de la “corriente desviada”. La postura de los pasdarán está por determinar aunque, si abandonan el barco de Ahmadinejad, tampoco sería la primera vez que le dan una bofetada en la cara.

Las presidenciales de 2013

El año de poder que le queda a Ahmadinejad se presenta peliagudo

De la relación de fuerzas que se evidencie el 2 de Marzo saldrá un último año de presidencia de Ahmadinejad que se antoja interesante. La agenda está determinada por la gestión de la crisis nuclear y los problemas políticos y económicos internos. Para Hooman Majd, de haber un punto de inflexión en Irán, “ese ya fue en 2009, y el siguiente podría ser la elección presidencial de 2013. Será entonces cuando veremos si se permite concurrir a un candidato reformista o, como mínimo, un conservador pragmático (y popular) como Qalibaf puede arrebatar la presidencia a los ultraconservadores”.

Por su parte, Luciano Zaccara se hace eco de una opción que un enfadado Jamenei ya dejó caer en octubre del mes pasado: eliminar la Presidencia, poniendo en su lugar un Primer Ministro nombrado por el Majles y, presumiblemente, mucho más controlable. “Se puede especular sobre la posibilidad de que el líder decida reformar la Constitución para convertir a Irán en un sistema parlamentario, eliminando la figura de presidente por la de Primer ministro elegido por el parlamento, concentrando el poder efectivo todavía más en la figura del líder”. De ahí que el año de poder que le queda a Ahmadinejad se presente peliagudo: “si el nuevo parlamento resulta más en su contra aún, se prevé un año complicado para su gestión por la oposición que tendrá en todos los ámbitos, y sobre todo en cualquier iniciativa que tome en relación a la política exterior. Será un año para analizar de cerca y ver todos los matices y comportamientos individuales de cara a las próximas presidenciales de 2013… si las hay”, concluye Zaccara.