La “yugular de occidente” y el mordisco persa

La “yugular de occidente” y el mordisco persa

En una de esas frases que hacen historia, Henry Kissinger acuñó la expresión “yugular de occidente” para referirse al Estrecho de Ormuz. Sin embargo, se han necesitado más de tres décadas para que alguien se atreviese a amagar con darle un buen mordisco. Repasamos algunas de las claves del bocado más apetitoso del Golfo.
Estrecho de Ormuz (Nasa)

Estrecho de Ormuz (Nasa)

Puede que el Capitán de Fragata iraní Habibollah Sayari piense sinceramente que el mensaje implícito en los recientes ejercicios militares iraníes en el Estrecho de Hormuz es “paz y seguridad para todos los países en la región“, pero a las cancillerías de Europa y Estados Unidos no les ha parecido nada divertida la broma.

La maniobra iraní pilla a sus vecinos con la mano apoyada en la cartuchera

Tampoco le parece divertido a Irán la llamada a nuevas sanciones realizada por Francia, más aún cuando empieza a sonar cada vez más la drástica opción de imponer embargos sobre el petróleo iraní. Tal medida podría dañar la economía del país a un nivel infinitamente mayor que las sanciones existentes, centradas principalmente en personas, empresas, los Guardianes de la Revolución (uno de los dos ejércitos del país) y el Banco Central Iraní. Con un peso del 80% sobre el total de las exportaciones, Irán es un país altamente dependiente de las ventas de hidrocarburos.

Quizá por esto, Irán se ha decidido a llevar a cabo la operación “Velayat 90″: 10 días de maniobras en una zona de dos mil kilómetros cuadrados que se extienden desde el estrecho de Hormuz hasta el Golfo de Adén. Es decir, la entrada natural al Golfo Pérsico, muy cerca de las costas de varios países del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC), una organización internacional surgida en 1981 principalmente como respuesta defensiva frente a la revolución iraní.

El pasado Marzo de 2011, el GCC, liderado por Arabia Saudí, intervino militarmente en Bahrein para ayudar al gobierno a reprimir las protestas surgidas a la luz de la Primavera Árabe e interpretadas como un intento de los chiíes de tomar el poder en la pequeña isla, pese a que entre los manifestantes había gente de todas las confesiones. La maniobra iraní pilla a sus vecinos con la mano apoyada en la cartuchera.

La autopista del petróleo

Pero el estrecho de Hormuz es algo más que el punto más estrecho del particular telón de acero que separa a los países árabes del Golfo e Irán. Es una mínima franja de agua de 34 kilómetros de ancho de la que, según la convención que lo rige, tan solo un pasillo de 3 kilómetros de ancho es utilizable para efectuar tránsito marítimo de mercancías. Lo cual, en el Golfo Pérsico, quiere decir principalmente petróleo.

Tráfico en los principales cuellos de botella (U.S.Gov. Accountability Office)

Tráfico en los principales cuellos de botella (U.S.Gov. Accountability Office)

Esto supone un asombroso 35% del petróleo transportado por mar, y un 20% del total de petróleo transportado diariamente en el mundo. Sin embargo, según datos del Energy Information Administration de los Estados Unidos, el 85% del petróleo transportado a través de Hormuz se destina a mercados asiáticos. Así pues, el mordisco iraní resultaría dañino para Occidente en términos de aumento del precio del petróleo – al menos hasta que algún país aliado, como Arabia Saudí, aumentase la producción – y, sobre todo, un interesante bloqueo de la V flota estadounidense cuya base está en Bahrein, bien adentro del Golfo.

El principal motivo parece ser un intento de revolverse contra la creciente presión internacional por el programa nuclear.

En el camino, además, Irán estaría cortando parte del suministro a China, lo cual no parece muy inteligente habida cuenta de la cobertura que el país asiático le está brindando con su neutralidad. Los países de Asia, forzosa tercera parte en este entuerto, se quedarían con la peor parte: un aumento de los precios internacionales y una reducción del tráfico marítimo hacia sus costas.

Irán quiere que el mundo se preocupe por el estrecho de Hormuz, y el principal motivo del extemporáneo paseo militar parece ser un intento de revolverse contra la creciente presión internacional por el programa nuclear iraní, una presión que se ha endurecido tras la publicación del último informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, en el que se daba pie a la posibilidad de un programa de uso militar en marcha. Mientras tanto, en las calles de Teherán la moneda ha llegado a devaluarse hasta un cambio de 18.000 riales por un dólar, añadiendo más presión al ya muy internamente criticado Ahmadinejad. La yugular de occidente, que ahora ya es la del mundo entero, no parece atravesar sus mejores días. El mordisco, de haberlo, lo pagaremos a escote.