¿Por qué Francia tomó por asalto la negociación con Irán?

¿Por qué Francia tomó por asalto la negociación con Irán?

Un invitado sorpresa se coló en la fiesta que parecían preparar Irán y EEUU y saboteó el ponche. Dos días de conversaciones en Ginebra habían creado expectativas en torno a un posible trato, al que el Primer Ministro Israelí llegó a referirse como un hecho consumado. Los máximos representantes de Exteriores de varios países volaron rápidamente a la ciudad suiza. Sin embargo, a última hora saltó la sorpresa. No había trato, y el principal obstáculo era una hasta entonces silente Francia.

¿Cuáles son los motivos de Francia? ¿Por qué amenazar con descarrilar un proceso en el que hasta ahora se había dado cierta latitud a la representante de la política exterior europea, Catherine Ashton? ¿Por qué hacerlo aparentemente en contra de sus aliados británicos y estadounidenses, contra el empujón que John Kerry y Obama lideran? Según varios tweets de periodistas presentes en Ginebra, el malestar de muchos diplomáticos occidentales era patente. Por no hablar del sumo cabreo en Irán, donde la gente – y no sólo las elites – siguieron de cerca el proceso, como confirma Scott Peterson. Todavía es pronto para llegar a ninguna conclusión, pero varias hipótesis han sido ya lanzadas. Resumimos algunas de ellas:

Resentimiento y grandeur

Es una constante entre los detractores de Francia, y ha recibido un considerable empujón tras le fiasco. Sirvan como ejemplo las palabras de un muy decepcionado Trita Parsi, presidente del NIAC, que calificó la acción francesa de “sabotaje”. El National Iranian American Council es el grupo de interés de los numerosos irano-americanos, y pese a ser independiente y crítico con Teherán trabaja asímismo a favor de una solución negociada a la crisis. La derecha estadounidense lo ha acusado, por ello, de ser una punta de lanza del gobierno iraní. Acusaciones nunca probadas y poco verosímiles, ya que el NIAC es un duro crítico del régimen islámico. Parsi analizaba así la acción francesa:

https://twitter.com/tparsi/status/399306730829791232

Parsi acusa a Francia de sobreactuar con el objetivo de reclamar una posición de influencia en los asuntos globales. Para los críticos más duros, Francia actúa desde el resentimiento hacia Obama que la intervención en Libia y la no intervención en Siria han dejado en el Quay d’Orsai. En este sentido, se destaca la continuidad entre la política exterior de Sarkozy y Hollande. Una política exterior intervencionista y que, curiosamente, toma el rol en Oriente Medio que los neoconservadores querrían para Estados Unidos. Lejos quedan los tiempos de las “freedom fries”: obsérvese la reacción del conservador McCain:

https://twitter.com/SenJohnMcCain/status/399564091771322368

El análisis de The Cable en FP apunta (entre otras) hacia esta hipótesis al afirmar lo siguiente:

There may also be an element of personal pique in the French position. In September, when the Obama administration began publicly threatening military strikes against the government of Syrian President Bashar al-Assad after his regime used chemical weapons against his own people, France was the only American ally that promised to take part.  (…) That made it all the more embarrassing for the French leader when Obama quickly dropped his plans for an American military intervention into Syria and instead cut a chemical weapons deal with the Syrian strongman.

En definitiva, según este punto de vista no estaríamos sino ante el enésimo intento de Francia de pasar factura al incómodo aliado estadounidense y superar la humillación del rol de segunda fila reservado a París en Oriente Medio. Una línea que, se puede argumentar, atraviesa la política exterior francesa desde De Gaulle hasta Hollande. El acuerdo con Irán es aquí un daño colateral de un conflicto que discurre por otros lares.

Oportunismo político

Ligada a la anterior hipótesis, pero menos pasional, es la consideración de que Francia ha visto un hueco político que, de rellenarse, sería capaz de arrojar jugosos dividendos. Dicho hueco es el que Estados Unidos ha dejado en Oriente Medio con sus dos grandes aliados, Israel y Arabia Saudí, manifiestamente descontentos con la gestión de Obama.

Desde este punto de vista, Francia ha maniobrado políticamente y sorpresivamente con el objetivo de ganarse el apoyo y gratitud de Riad y Tel Aviv mostrándose como el principal defensor de sus intereses y portavoz de sus preocupaciones. En una Europa en la que el sur está de cuclillas, Alemania sigue sin querer tomar un rol internacional asertivo fuera de los confines de la UE e Inglaterra sigue alineándose con la Casa Blanca sea cual sea su inquilino, Francia emerge como el único gran país con la voluntad de tomar una postura independiente. El análisis de John Irish en Reuters sigue esta idea:

As France struggles to reform its weak domestic economy and watches Germany increasingly shape European Union policy, that is a realignment full of welcome trade and diplomatic promise for Hollande’s government.

Por no hablar, claro está, del empujón patrio que pueda dar al acosado gobierno de Hollande, que lleva demasiados meses sin oír buenas noticias y cuyo líder está en cotas históricas de impopularidad. Es el punto de vista de Íñigo Saenz de Ugarte, en Guerra Eterna, que destaca el modo en que Fabius se saltó el protocolo convocando por su cuenta una rueda de prensa:

Esta vez, y justo antes de que Catherine Ashton y el ministro iraní de Exteriores se presentaran en rueda de prensa, Fabius hizo unas declaraciones a la prensa para anunciar el fracaso de la cita de Ginebra. Quería aparecer en los informativos de su país y, sobre todo, devolver a Francia a la primera línea de los titulares en la semana en que S&P le había rebajado la nota de calificación de su deuda. Para un país cuyo presidente está en la cota más baja de popularidad de su elección, eso no es un detalle menor.

Francia tiene razón

Lo dice el New York Times, que apunta que Francia como mucho escenificó demasiado duramente un consenso existente entre el P5+1: la propuesta iraní no era firme. Sería injusto, parece ser la conclusión, matar al mensajero. Francia llevó al frente de la negociación el tema de Arak, la instalación nuclear en construcción que podría formar parte de un programa militar y que, dado su emplazamiento bajo tierra, sería virtualmente indestructible. Laura Rozen, periodista especializada en Irán que acudió a Ginebra, abunda en este punto al confirmar que el cabreo diplomático con Francia se refería más a las formas que al contenido:

Western diplomats did not deny frustration over Fabius’ behavior at the talks, but did not disparage the concerns he raised, but rather that he raised them publicly–thus giving the impression that it was the western powers that were divided over the text, and doing so in a way that diminished prospects for a deal here.

Además, Francia es un país con motivos suficientes como para desconfiar de Irán. Al revés que Estados Unidos, cuyo conflicto con Irán le ha ahorrado tener que meterse en harina, Francia fue en el pasado un país activo en los intentos de mejorar las relaciones con Irán en los que, puede sentir, ha quemado cierto capital político. Logró la visita de Jatamí a París, pero con Ahmadineyad recibió una serie de desplantes y dobles juegos que dejaron un poso amargo en París.  El irano-israelí Meir Javandefar, militante del partido Meretz y partidario de una solución negociada pero exigente con Irán, lo cuenta en Al Monitor:

https://twitter.com/MeirJa/status/399864816711380993

Despite the closeness, France is not acting on Israel’s behalf. Its taking a tougher line because for now it also serves its own interests, which are mostly related to France’s own problems with Iran that peaked during Ahmadinejad’s era.(…) Despite the delay France has created in the talks, its demand for a halt of construction of Arak are fair and logical. Iran believes that imposing new sanctions during talks undermines them and hurts confidence, so does building of a reactor which could produce bomb-making plutonium.

En cualquier caso, el tema sigue vivo y la polémica no se va a cerrar pronto. Dentro de diez días las partes negociadores volverán a verse las caras, de nuevo en Ginebra. Pese a todo, las partes parecen seguir suficientemente interesadas en un acuerdo: de hecho, hoy mismo Irán ha anunciado que permitirá a la Agencia Internacional de la Energía Atómica visitar por primera vez la instalación de Arak. Un paso importante, ya que no está obligado bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear (sí bajo el Protocolo Adicional, que no ha firmado); y sin duda un intento de disparar contra la línea de flotación de los argumentos franceses antes de que éstos puedan exponer las razones de su postura en Ginebra. Queda por saber el capital político que le queda a Ruhani en Teherán tras este fracaso, acompañado de una medida que sin duda los conservadores interpretarán como una inaceptable concesión. Hagan juego.