Las relaciones hispano-israelíes (1948-1986): historia de un desencuentro

Las relaciones hispano-israelíes (1948-1986): historia de un desencuentro

Las relaciones Hispano-Israelíes: Desde la creación del Estado de Israel hasta el establecimiento de relaciones [1948-1986]
Ignacio Díaz-Roncero
En 1986, España ponía fin a su especial situación respecto a Israel. 40 años de dictadura habían dado para pasar de la autarquía a la reintegración en el sistema internacional, del franquismo a la endeble transición y del aislamiento internacional a formar parte fundamental del bloque occidental en el seno del sistema bipolar de la Guerra fría. Sin embargo, nada de ello había logrado que España reconociese, como el resto de sus pares, al Estado de Israel. ¿Cómo se llegó a esta situación?

Latitud194 presenta su primer número de la sección “documenta”, dedicado a contar brevemente la historia de las relaciones hispano-israelíes, marcadas por la ausencia de reconocimiento mutuo de 1948 a 1986. A lo largo de las 30 páginas de este número, se narra la historia de toda una política de Estado nacida en condiciones adversas y sobre la cual, a lo largo del tiempo, se van a imponer las diferentes inercias internas tanto españolas como israelíes. Es la historia de un desencuentro constante en el que el reposicionamiento de los diferentes actores no logra jamás alinear Madrid con Tel Aviv.

Da igual que la izquierda española pase de defensora a detractora de Israel, o que EEUU modifique su percepción de un Israel al que se veía como un experimento colectivista para después considerarlo su aliado más favorecido y destacado. Da igual que Eisenhower restituya a Franco, o que la Comunidad Económica Europea avance en su integración política y, con vistas a la naciente Unión, empiece a presionar seriamente a España para que ponga fin a su actitud.

Es la historia de un desencuentro constante que no logra jamás alinear Madrid con Tel Aviv.

Casi como un desafío, en 1979, cuando Arafat todavía era considerado poco menos que un terrorista a sueldo de Moscú y sus aliados, Adolfo Suárez se saltó todo el protocolo al fundirse en un efusivo abrazo con un hombre al que en gran parte de Europa se le negaba el estatus de representante de Palestina. Parecía que la muerte de Franco poco había cambiado la postura de España.

La intrahistoria, sin embargo, es otra. A lo largo de este trabajo se hace un repaso a las muy variadas tentativas de reconocimiento mutuo, que comienzan ya desde el mismo nacimiento del Estado de Israel. El realismo político y la hipocresía, pero también cuestiones ideológicas de calado, van frustrando uno tras uno todos los acercamientos. En el camino, el franquismo forjará una política de amistad hispano-árabe que muestra constantemente sus costurones y endebleces, que se basa en un interés mutuo y que resiste mal las tiranteces a las que la somete la cuestión marroquí, la presión pro-israelí de Estados Unidos o el radicalismo de actores como la Libia de Gaddafi. Sin embargo, la amistad hispano-árabe también tiene sus realidades e imperativos, deja su legado e interrelaciona cada vez más fuertemente a los diversos Estados. Quizá por eso hay que esperar al 1986, año de muchas rupturas, para que un actor impensable hace años – el PSOE – de el paso.

El reconocimiento no es aprobación, decía el argumentario del PSOE de cara a su militancia y a los países árabes.

La historia acaba y no acaba en 1986. El reconocimiento no es aprobación, decía el argumentario del PSOE de cara a su militancia y a los países árabes. De hecho, el tradicional apoyo español a la solución de los dos Estados y el voto pro-palestino en los foros internacionales permanecerán como una política de Estado que se extiende hasta nuestros días, como puede mostrar la postura del gobierno de Rajoy en el pasado reconocimiento de Palestina como Estado observador de la ONU. Del mismo modo, Israel continúa dedicando no pocos esfuerzos de relaciones públicas a modificar las percepciones de una población, la española, a la que consideran hostil (comparada con otros más incondicionales aliados occidentales). Una vez superado el ajedrez de las relaciones diplomáticas, la pugna arabo-israelí por las conciencias de los españoles sigue viva: esta vez, en el campo de las ideas.