“En Kenia se está confundiendo paz con silencio”

“En Kenia se está confundiendo paz con silencio”

Javier Triana
Periodista, corresponsal de la agencia EFE en Nairobi. Ha trabajado también en China y Sudáfrica. Autor del blog sobre actualidad africana "República de Bananas"
El pasado 4 de Marzo se celebraron elecciones generales en Kenia, incluyendo elecciones al Parlamento y, especialmente, al Presidente del país. Las elecciones revestían una especial importancia al tratarse del mismo país en el que los comicios de 2007 dieron paso a una espiral de violencia que, entre 2007 y 2008, dejó 1.300 muertos y cientos de miles de afectados.

En enero de 2012 la Corte Penal Internacional (CPI) confirmó los cargos en contra de 4 de los 6 políticos kenianos acusados por cometer crímenes de lesa humanidad: entre ellos, el ganador de las actuales elecciones, Uhuru Kenyatta. Hablamos con Javier Triana, corresponsal de EFE en Nairobi, para conocer en primera persona cómo se desarrollaron las actuales elecciones y qué se puede esperar del futuro cercano.

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Todos los ojos puestos en Kenia recordaban constantemente la pasada violencia postelectoral. ¿Existe un riesgo de que pueda ocurrir algo similar, o parece que todas las partes han aceptado el resultado?

“Me da la sensación de que se está confundiendo paz con silencio.”

Por el momento todo ha sido tranquilo. Sí podrían producirse momentos de tensión y quizá, de violencia, dependiendo del veredicto del Tribunal Supremo, ante el cual la Coalición para las Reformas y la Democracia (CORD) liderada por el primer ministro, Raila Odinga, ha impugnado los resultados electorales. El sábado 16 de marzo, la policía dispersó con gas lacrimógeno a los seguidores de la CORD en su marcha ante el Tribunal para presentar el recurso y dejó al menos un herido. Por el momento, todo parece en calma, aunque me da la sensación de que se está confundiendo paz (el proceso electoral, efectivamente, fue pacífico) con silencio. La gente está callada, sí, pero también un tanto cabreada, en parte por históricas rencillas intertribales. Eso las clases más bajas. Las más altas, por la imputación, por parte de la Corte Penal Internacional (CPI) del presidente electo, Uhuru Kenyatta, por su supuesta participación en la violencia postelectoral de finales de 2007 y principios de 2008. Saben que, de cara a occidente, todos los ciudadanos del país pasan a ser sospechosos por votar a un imputado. En cualquier caso, todavía no hay noticias de ningún incidente destacable. Veremos qué pasa cuando se pronuncie el Tribunal Supremo. Los kenianos son conscientes, no obstante, de que otra matanza les afectaría a los negocios.

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Ha sorprendido la tardanza de la Comisión Electoral en dar los resultados. ¿Es lo habitual? ¿Cómo has visto, desde tu posición, la limpieza (o no) del proceso?

Lo sorprendente habría sido que hubieran anunciado rápidamente los resultados. A esto se le suma que el costosísimo y largamente anunciado sistema electrónico (creo recordar que fue cosa de un millón de dólares) para procesar los resultados parece ser que falló (con estas cosas, nunca se atreve uno a afirmar nada) y hubo que empezar el recuento de cero, a mano. Eso minó parcialmente la credibilidad de la comisión electoral, que había sorprendido a todos con una organización de las votaciones casi sin mácula. Y, con el antecedente de un amaño electoral (el presidente saliente, Mwai Kibaki, ganó las elecciones de forma fraudulenta en 2007, hecho que desencadenó los mortales disturbios), pues se dispararon toda clase de sospechas y rumores. Habría pasado en cualquier país del mundo con semejantes antecedentes. No sé si esta tardanza es la norma o no, porque son mis primeras elecciones en Kenia, pero he cubierto otras elecciones en África y se suele tardar un tiempo en publicar los resultados. En cuanto a la limpieza, en los colegios electorales que visité (cinco o seis de distintas zonas de Nairobi) todo me pareció correcto, e incluso sorprendentemente bien organizado.

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Los kenianos han escogido a un presidente imputado por el CPI, algo que puede sorprender desde el punto de vista occidental. Parece evidente que para los kenianos no es un impedimento o algo que lo deslegitime. ¿Cómo se ve el “affaire CPI” desde Kenia?

Para los seguidores de Uhuru Kenyatta, él no estuvo implicado en las matanzas, sino que más bien trató de frenarlas.

Para los seguidores de Uhuru Kenyatta, él no estuvo implicado en las matanzas, sino que más bien trató de frenarlas. Se le acusa de orquestar un contraataque contra los lúo y los kalenjin, pero los de su tribu, los kikuyu (que suman algo más de un 20 por ciento de la población de Kenia), dicen que de eso nada. Un kikuyu me llegó a decir que, de no haber sido por él, “muchos más kikuyu habrían muerto” [sic]. No hay conciencia nacional, y eso es en buena parte culpa de la colonia. En cualquier caso, la elección de Kenyatta, por lo que he podido entender, responde a dos aspectos: por una parte, un “quizá sea un criminal, sí, pero es nuestro criminal” de los kikuyu, y, por otra, una respuesta a la supuesta injerencia extranjera con el anuncio de “consecuencias” si salía elegido presidente un tipo imputado por la CPI. Ahí las embajadas occidentales patinaron con la estrategia y provocaron un resultado adverso al deseado.

Por lo demás, a mí Kenyatta me parece un corrupto, un impresentable y una persona que no habría llegado adonde está de no ser el hijo del primer presidente de la Kenia “libre”, Jomo Kenyatta. La cosa es que la alternativa, Raila Odinga, tampoco es mucho mejor. Aunque, de cara al exterior, al menos no es un supuesto criminal. Y eso que quizá debería estar en La Haya por lo que sucedió en 2007-8. Había otros candidatos que no contaban con alianzas basadas en cálculos tribales y que habrían podido ser buenos líderes del país, y unificadores, como los kikuyu Peter Kenneth o Martha Karua. Pero no es nuevo, ni en Kenia ni en ningún país del mundo, que gane el voto de la cerrazón total.

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¿Existe un riesgo de que, con la victoria de Kenyatta, los eventos de 2007 queden en la impunidad?

La impunidad es un deporte que cuenta con muchos adeptos en Kenia y otras partes del mundo.

Sí, totalmente. Antes de nada, hay que recordar que Kenyatta no es el único imputado (también lo está su vicepresidente, el exministro de Educación Superior y diputado, William Ruto y otro alto cargo más). Hay más gente de perfil alto que debería estar en La Haya y que no lo está. Y, por supuesto, muchos ciudadanos que de una u otra forma contribuyeron. La impunidad es un deporte que cuenta con muchos adeptos en Kenia y otras partes del mundo. En España lo sabemos bien. Me atrevo a decir que aquellos hechos quedarán impunes, se enquistarán y explotarán más adelante. Volviendo a España, tenemos la transición y la guerra civil, por ejemplo.

La actual fiscal de la CPI, la gambiana Fatou Bensouda, ya ha reitrado los cargos -que incluían, como contra Kenyatta, crímenes contra la humanidad- contra el jefe del Servicio Público, Francis Muthaura, por su supuesta implicación en la violencia postelectoral. Y se anunció poco después de la publicación de los resultados de las elecciones. La mujer que viene a limpiar mi casa, que es la más maja del mundo, es prima de otro imputado, Joshua Arap Sang, quien supuestamente aprovechó su posición de periodista para lanzar mensajes de odio a través de las ondas. Cuando le pregunté que si pensaba que era culpable y que qué deberían hacer con él, me respondió: “Ay, pues a ver si le dejan tranquilo”.

Otro amigo, un maasai que cambió su voto a última hora (iba a votar a Karua y terminó votando por Kenyatta) me dijo que los casos de la CPI quedarán en nada: “Acaban de retirar los cargos contra Muthaura [lo hicieron porque el Gobierno de Kenia no cooperó, según la CPI, y porque, también en su versión, los testigos no querían hablar por miedo, habían sido sobornadaos, o, simple y llanamente, estaban muertos], y dentro de un tiempo, pasará lo mismo con Kenyatta. Ya sabes cómo es la impunidad en este continente. Y Bensouda es africana”. Un compañero publicó hace poco esta entrevista en la que se puede entrever la complejidad de todo el asunto. Algunos testigos contra los acusados por la CPI -destacados kenianos- están evaporándose. Esto me lo confirmó también la semana pasada un diplomático.

Uhuru Kenyatta/ Muckrack.com

Uhuru Kenyatta/ Muckrack.com

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Periodistas y analistas recurren a la explicación “tribal” para explicar la orientación del voto. Desde tu experiencia, ¿qué peso crees que tiene en el resultado final?

Muchísima. El nepotismo jamás pasa de moda. El aspecto tribal es un nepotismo a lo bestia. Si el de tu tribu manda, sabes que te vas a beneficiar. Las tribus no están mezcladas de forma geográficamente homogénea en el país. De ahí que, entre otros motivos, unas zonas estén más desarrolladas que otras. Si gana un kikuyu, el centro del país (su zona de concentración) mejorará más carreteras y atraerá más inversión estatal que si gana un lúo, que haría lo propio en el oeste, a orillas del Lago Victoria.

Las disputas entre Odinga y Kenyatta tienen su origen en el nacimiento del país: el padre de Kenyatta fue el primer presidente, y el de Odinga, el primer vicepresidente.

Las disputas entre Odinga y Kenyatta tienen su origen en el nacimiento del país: el padre de Kenyatta fue el primer presidente, y el de Odinga, el primer vicepresidente. Odinga salió de ese Gobierno de mala manera, dada su orientación más pro-soviética, mientras que Kenyatta, a pesar de haber estudiado en Moscú (o quizá precisamente por eso), era más pro-occidental. Lúos y kikuyus se han disputado el poder desde entonces, solo que los lúo jamás lo han ostentado.

Tener el poder significa tener acceso a fondos públicos y decisiones gubernamentales en un país en el que el bien común -de forma todavía desgraciadamente extendida- se limita a tu tribu. Porque hay muy poca conciencia de país. Hay muy pocos que te digan “soy keniano”. El Gobierno tiene ahí una responsabilidad tremenda por unificar el país y por demostrar que interesa trabajar por alguien más que por los de su tribu. Karua y Kenneth, los candidatos que comentaba antes, creo que habrían tomado esa dirección, pero apenas juntaron 100.000 votos entre ambos.

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Atendiendo a lo dicho y hecho por Kenyatta, como su intención de reforzar lazos con Asia  ¿Qué cambios podemos esperar en Kenia en este nuevo mandato? ¿Cuáles son las líneas políticas que defiende Kenyatta?

Igual estoy diciendo una burrada, pero tengo la sensación de que lo que interesa es que entre dinero al país, sin importar tanto quién lo mande. Kenia ha sido un aliado tradicional de EEUU y la exmetrópoli, Reino Unido. EEUU lo utiliza de base para sus operaciones de guerra, en especial en Somalia.

“Las promesas electorales versan sobre desarrollo, hay poco contenido ideológico entre unos candidatos de un corte más o menos liberal.”.

Por otra parte, Kenia está inundado de aparatos chinos que van desde un cubo de plástico a un teléfono inteligente, pasando por una bicicleta. China construye mucho en Kenia, vende muchos camiones de obra; por ejemplo, y el otro día vi hasta quads del Ejército keniano de fabricación china. A diferencia de otros países del entorno, Kenia no es tan rica en recursos naturales. La cosa me da la impresión de que se mueve más en contratos millonarios de grandes infraestructuras. Hay mucho interés comercial ahí en medio.

Pero China hace negocios, no trata de cambiar ningún tipo de situación. Me gustaría saber la ayuda humanitaria que daría a Kenia, por ejemplo. En eso, occidente sigue ganando por goleada. Y a los gobiernos africanos les viene muy bien la imagen de negritos pobrecitos que necesitan ayuda (y que muchas ONGs promocionan). Si los hospitales y las escuelas se las ponen los blancos, una cosa menos de la que tiene que precuparse el Estado. Y una partida de presupuesto más que embolsarse. Una vuelta más de tuerca es el tema de la CPI. Si se condena a Kenyatta (cosa que, a estas alturas, dudo, aunque no soy nadie para hablar de esto), el ahora presidente electo de Kenia perdería aún más imagen de la que tiene ya perdida en Europa. Pero la diplomacia, me da, es más bien un mundo hipócrita. Aquí lo que interesa es el negocio.

En cuanto a las líneas políticas, este es un país en desarrollo con una elite política corrupta e insaciable. Las promesas electorales versan sobre desarrollo, hay poco contenido ideológico entre unos candidatos de un corte más o menos liberal. Además, la ideología es un lujo para mucha gente que se tiene que preocupar de qué comer al día siguiente.

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Si nos fijamos en dos reputados indicadores, Kenia es reconocido al mismo tiempo como un país en el que la democracia (formal, al menos) existe (Economist Democracy Index) pero copa los puestos más bajos en estabilidad (Failed States de Foreign Policy) ¿Qué tareas pendientes tiene el país? ¿Cuáles son sus principales retos?

Creo que aquí coincidiríamos tanto los kenianos como los extranjeros: la corrupción y el tribalismo son los principales obstáculos. Su unión puede resultar, por ejemplo, en los mortales disturbios de 2007-8. Ambos están estrechamente relacionados, tristemente extendidos y son fuente permanente de fricciones. Más a ras de suelo, la sanidad y la educación son capitales. El nivel de diagnóstico médico en este país es lamentable. Y la educación todavía no ha enseñado a pensar de forma independiente. El nivel de analfabetismo funcional es alarmante. Hace falta exigir responsabilidades al Gobierno. Pero aquí se vuelve al tema de la eterna impunidad. Algunos indicios apuntan a que se está mejorando, pero estas cosas llevan generaciones.

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La prensa keniana es reconocida como una de las más dinámicas de África. Sin embargo, Michela Wrong en Latitude  afirma que la prensa extranjera se ha visto limitada. ¿Has tenido algún problema para realizar tu trabajo?

No, no he tenido ningún problema para trabajar, más allá de los derivados de ser periodista de un medio español en un lugar en el que no saben señalar tu país en el mapa. Si eres la BBC o Al Jazeera, por ejemplo, será más fácil que consigas una entrevista con el presidente.

La prensa local tuvo que firmar un protocolo de comportamiento para cubrir las elecciones. Esto se hizo, entre otras cosas, con vistas a evitar brotes de violencia como los de 2007-8. Y más que seguir una conducta ética, lo que hicieron es, de pura prudencia, estar calladitos. Por ejemplo, no dieron casi cobertura a las alegaciones de fraude electoral de Odinga. Como dice Michela Wrong, eso no es ser imparcial: eso es hacerle el juego a Kenyatta. Si el sistema electrónico de recuento falla… ¿por qué no se puede criticar? Creo que se ha rozado la paranoia, pero es que los 1.300 muertos de hace cinco años son muchos cadáveres. Ojo, sin ánimo de justificarlo. Pero en parte entiendo los miedos.

A la prensa internacional se la ha vilipendiado, como ilustra esta viñeta. ¡El Gobierno keniano hasta amenazó a los corresponsales! Consideraron que parte de la violencia postelectoral fue culpa de los medios extranjeros, como se puede leer en el texto enlazado. Echar las culpas a los demás antes de hacer autocrítica es una práctica habitual en todo el mundo. Pero uno se cansa de estas cosas. Si visitas el espeluznante Museo del Genocidio de Kigali, leerás que la culpa de la matanza (casi un millón de personas en unos cien días) fue básicamente de las expotencias colonizadoras. Los ruandeses que descuartizaban a machetazos -claro está- eran meras marionetas. Qué difícil es la autocrítica…

“El Gobierno consideró que parte de la violencia postelectoral fue culpa de los medios extranjeros”,

Bien es cierto que AP, CNN y France24, que yo sepa, publicaron informaciones muy cuestionables durante y antes de las elecciones, y eso cabreó a los kenianos. Pero de ahí a meternos a todos en el mismo saco va un trecho. Recuerdo que, en un colegio electoral del barrio chabolista de Kibera (en Nairobi), unos votantes me contaron que estaban teniendo problemas para encontrar la fila en la que tenían que esperar, porque no se aclaraban con el orden alfabético (al final resultó que era por la inicial del “nombre cristiano”, que manda huevos). El caso es que cuando le pregunté totalmente de buena fe por esa anécdota a uno de los responsables de ese mismo colegio electoral me empezó a responder, se paró un momento, un colega de al lado le comentó algo al oido, y me respondió: “No, no, todo perfectamente. Ningún problema”. ¿También hay que negar la evidencia? Me harto de explicarle a la gente que, a pesar de terminar en “ista”, periodista no es lo mismo que terrorista. En mi primera visita al Ministerio de Información (de Censura, para entendernos) el asistente del ministro, el que me dio el carnet de prensa, me dijo: “Aquí en Nairobi hay 150 periodistas extranjeros acreditados. Bueno, no sé si son todos periodistas o agentes de la CIA, pero nosotros les damos la tarjeta de prensa y el permiso de trabajo igual”. Esa mentalidad es gravísima y puede afectar a la profesión. Por nuestra parte, claro, toca ejercerla con toda la profesionalidad y honestidad que se pueda.